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Líbano supera los mil muertos en medio de la guerra de Israel contra el Hezbolá pro iraní. Mientras tanto, el fin del Ramadán y la fiesta del Aíd se viven bajo la sombra de un conflicto que se extiende por todo Medio Oriente. La intensificación de los combates en el sur libanés agrava la crisis alimentaria, con miles de desplazados y un sector agrícola totalmente paralizado. Una cooperativa de Tiro resiste al éxodo masivo hacia el norte.
Cuatro mujeres arrancan a mano las malezas de un cultivo de hortalizas en la cooperativa Seeds of Sour. «En verano cultivamos berenjenas, tomates, pimientos, frijoles, casi todo tipo de hortalizas», dice Zeinab Mahdi, su directora.
Hacen casi olvidar que la parcela está en plena zona de conflicto en un sector de Tiro que el ejército israelí ordenó evacuar. Esta cooperativa existe desde la guerra de 2024.
«Aquí hay 3.000 personas desplazadas, así que todos cocinamos para ellas. Cultivamos alimentos para ellas, preparamos ensaladas todos los días. Necesito 150 lechugas y entre 70 y 80 repollos», explica a RFI.
Los musulmanes del mundo celebran el Aíd Al-Fitr, el fin del ayuno del Ramadán, una fiesta de banquetes. Pero aquí no hay ánimo ni recursos. «Aquí no se siente el ambiente del Aíd. Todas las familias están desplazadas y muchos han perdido a alguien. Hay gente que se queda en casa mientras otros mueren. Así que no hay celebración ni nada parecido», agrega.
Estas mujeres son campesinas de otros pueblos del sur. La agricultura es la principal actividad económica de la región, como lo explica Mohammad Al Husseini, líder del Sindicato de Agricultores.
«Producimos el 90% de los bananos del país, el 70% de los cítricos y del 35 al 40% de las hortalizas. La guerra tiene dos impactos. Primero, que los campos y las fincas han sido abandonados tanto en el interior como en las zonas costeras, justo en plena cosecha. Segundo, esto podría causar escasez en el mercado libanés porque nuestros cultivos representan entre el 40 y el 50% de la producción nacional», analiza Mohammad que tiene que parar de hablar porque se produce un bombardeo. «El misil cayó a un kilómetro», precisa.
Dos ataques más perturban el trabajo de las cultivadoras atemorizadas. Es imposible acostumbrarse al asedio diario. Ellas y sus familias encontraron refugio en la municipalidad, pero ya no es segura.
«Les hemos pedido a estas personas que se vayan a zonas más al norte, como Trípoli o Batroun, que abandonen Tiro porque la situación va a empeorar. Ningún lugar en el sur es seguro, pero conozco a esta gente. Sé que no se irán. El 10% o 12% de los habitantes siguen aquí», explica Mortada Mehanna, coordinador municipal de Riesgos.
Las calles de Tiro están desiertas desde que Israel amplió la zona de bombardeos esta semana, centenares de hectáreas de cultivos han sido abandonadas.
Líbano supera los mil muertos en medio de la guerra de Israel contra el Hezbolá pro iraní. Mientras tanto, el fin del Ramadán y la fiesta del Aíd se viven bajo la sombra de un conflicto que se extiende por todo Medio Oriente. La intensificación de los combates en el sur libanés agrava la crisis alimentaria, con miles de desplazados y un sector agrícola totalmente paralizado. Una cooperativa de Tiro resiste al éxodo masivo hacia el norte.
Cuatro mujeres arrancan a mano las malezas de un cultivo de hortalizas en la cooperativa Seeds of Sour. «En verano cultivamos berenjenas, tomates, pimientos, frijoles, casi todo tipo de hortalizas», dice Zeinab Mahdi, su directora.
Hacen casi olvidar que la parcela está en plena zona de conflicto en un sector de Tiro que el ejército israelí ordenó evacuar. Esta cooperativa existe desde la guerra de 2024.
«Aquí hay 3.000 personas desplazadas, así que todos cocinamos para ellas. Cultivamos alimentos para ellas, preparamos ensaladas todos los días. Necesito 150 lechugas y entre 70 y 80 repollos», explica a RFI.
Los musulmanes del mundo celebran el Aíd Al-Fitr, el fin del ayuno del Ramadán, una fiesta de banquetes. Pero aquí no hay ánimo ni recursos. «Aquí no se siente el ambiente del Aíd. Todas las familias están desplazadas y muchos han perdido a alguien. Hay gente que se queda en casa mientras otros mueren. Así que no hay celebración ni nada parecido», agrega.
Estas mujeres son campesinas de otros pueblos del sur. La agricultura es la principal actividad económica de la región, como lo explica Mohammad Al Husseini, líder del Sindicato de Agricultores.
«Producimos el 90% de los bananos del país, el 70% de los cítricos y del 35 al 40% de las hortalizas. La guerra tiene dos impactos. Primero, que los campos y las fincas han sido abandonados tanto en el interior como en las zonas costeras, justo en plena cosecha. Segundo, esto podría causar escasez en el mercado libanés porque nuestros cultivos representan entre el 40 y el 50% de la producción nacional», analiza Mohammad que tiene que parar de hablar porque se produce un bombardeo. «El misil cayó a un kilómetro», precisa.
Dos ataques más perturban el trabajo de las cultivadoras atemorizadas. Es imposible acostumbrarse al asedio diario. Ellas y sus familias encontraron refugio en la municipalidad, pero ya no es segura.
«Les hemos pedido a estas personas que se vayan a zonas más al norte, como Trípoli o Batroun, que abandonen Tiro porque la situación va a empeorar. Ningún lugar en el sur es seguro, pero conozco a esta gente. Sé que no se irán. El 10% o 12% de los habitantes siguen aquí», explica Mortada Mehanna, coordinador municipal de Riesgos.
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