Humanismo y pandemia

Por Cristian Gutiérrez | Hace más de 20 años (de manera más clara) que se viene evidenciando un contagio entre cientos de miles de personas a nivel global, ¿el síntoma? solidaridad: el humanismo recargado, “2.0" o como quiera llamársele. Humanismo es decir “bienestar humano en el centro del desarrollo”...

Esta sección es un espacio abierto, por lo que las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

Hace más de 20 años (de manera más clara) que se viene evidenciando un contagio entre cientos de miles de personas a nivel global, ¿el síntoma? solidaridad: el humanismo recargado, “2.0″ o como quiera llamársele. Humanismo es decir “bienestar humano en el centro del desarrollo”.
Los líderes mundiales ignoraron, como suele ocurrir, las voces humanistas que anunciaban la presencia del virus en distintos puntos del planeta. Cuando, finalmente, este humanismo recargado tocaba sus puertas, las respuestas fueron las de siempre, militarización, represión brutal, criminalización de la manifestación social y encierro de los contagiados más peligrosos. Todo, para que el virus contagiara a los menos posibles; para que la cuarentena de los virulentos revoltosos (puestos en calabozos policiales) rindiera frutos y el contagio se frenara. Pero no fue así.
El humanismo como crítica al sistema mundo vigente siguió lenta y silenciosamente su travesía: La primavera árabe, los indignados, los estudiantes en México, el despertar social chileno, etc. La virulencia necesaria por construir un nuevo orden se extendió, cual pandemia, entre millones de personas en el mundo. Sobre todo, entre quienes son el sostén del sistema financiero mundial: la clase trabajadora; aquellos que pedalean los motores de las industrias o aquellos que entregan su vida a empresas subcontratistas.
Llegó el COVID-19, y parece ser la lápida al orden imperante, sin embargo, muchas personas aquí o allá, siguen en la rueda consumista. Agotar el stock de alcohol gel parece ser una prueba de ello La preocupación de los soberanos por el frenazo económico por sobre el bienestar de la clase trabajadora es otra prueba. Algunos parecen olvidar que las grandes empresas tienen seguro para todo tipo de imprevistos. En nuestro país, y de manera vergonzosa, vimos como desde la Dirección del Trabajo se admitía que los empresarios podían no pagar los sueldos de aquellos que, por toque de queda, no pudieran llegar a sus trabajos. Esto demuestra que el único seguro de la clase trabajadora es la solidaridad. Ese contagio que puede resultar más peligroso que cualquier pandemia.
El humanismo toca nuestras puertas. A contagiarnos entonces, todos alegremente, de humanidad ya que es la única forma de romper con décadas de un orden injusto y de hacer frente a las pandemias que vienen.

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