Responsabilidad ciudadana y el cuarto poder

Por Tomás Landaeta | En esto tiempos de Coronavirus han sido muchas las cosas que se han visto fuertemente limitadas por las restricciones necesarias...
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En esto tiempos de Coronavirus han sido muchas las cosas que se han visto fuertemente limitadas por las restricciones necesarias que el poder estatal ha efectuado como soluciones a esta pandemia mundial. Si bien es cierto que el Covid-19 es un problema netamente sanitario, los daños colaterales que ha generado han sido múltiples, afectando no solo la economía como aspecto fundamental para nuestra supervivencia, sino también las relaciones sociales, y de esta última quisiera destacar dos pilares fundamentales que dan vida a la nación; la comunidad religiosa y la comunidad política.
La vida en un país es muy compleja, por eso, interpretar toda la convivencia solo desde un prisma individuo-Estado es realmente simple e ineficiente, sobre todo con un tema muy polémico en estos días que trata sobre la reunión de personas (que es un derecho natural pero que ha sido restringido por la valoración a otro derecho anterior a éste, que es el de la vida).
En este escenario, algunos medios de comunicación han demostrado una gran irresponsabilidad (y una notoria parcialidad) a la hora de juzgar aquellos comportamientos que consideramos inadecuados en estos días de pandemia. ¿Por qué digo esto? porque algunos medios masivos han influido negativamente en la población, tratando de generar sentimientos que, en una grave extensión, podría llevar a futuro a comportamientos insostenibles en una democracia. Tal es el caso de aquella noticia que señaló que un grupo de enfermeras contagiadas con el covid-19 habían participado en un culto religioso pero que después fue desmentido por sus colegas sin mayor masificación, o de aquel pastor contagiado que había congregado a un número alto de personas en una reunión religiosa, pero no informaron que él albergaba a personas en situación de vulnerabilidad. Estos medios masivos que encuadran la realidad y ocultan la verdad ¿con qué objetivo lo hacen?, ¿querrán influir de tal manera en la opinión pública para generar sentimientos de rechazo hacia un grupo religioso importante en nuestra sociedad?
Hace pocos días también, los medios dieron a conocer que en el centro neurálgico del movimiento ciudadano generado en octubre, en Plaza Baquedano, un grupo de personas volvieron a realizar manifestaciones. Pero ¿qué tiene que ver esto con el corazón de esta opinión?, es por la clara tendencia de los medios a no condenar estos claros actos de irresponsabilidad en los espacios públicos, pero, mientras que, por otro lado, encuadran la realidad de algunos contextos religiosos en espacios privados y desinforman, influyendo en la opinión pública para mal.
No quiero dejar de mencionar que si bien es cierto la libertad de reunión es un derecho para cualquier grupo, sea religioso o no, la gran mayoría de las comunidades religiosas han optado por la aplicación de una cuarentena preventiva. Lamentablemente algunos grupos y personajes religiosos han actuado con imprudencia, no respetando las indicaciones de las autoridades o del sentido común. Pero de la misma manera que se condena esa imprudencia, esperamos que se condenen las manifestaciones públicas, y así avancemos con responsabilidad ciudadana para hacer frente a la pandemia y para generar control al cuarto poder.

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