Fotografía: Mural de Heri Tapia

Tan rápido como se agotaron las mascarillas y el alcohol gel, desaparecieron las bolsas harina en las despensas de los supermercados, quedando en evidencia que es el trigo la base de la alimentación en Chile, junto con las papas y cebollas.
La región de Ñuble es potencia agroindustrial, con miles de hectáreas de arándanos, frambuesas, cerezos, nogales, manzanos, avellanos y castaños, además de todo el valle vitivinícola del Itata. ¿Pero tenemos esas frutas en nuestra despensa?. Lo cierto es que desde la llegada del Covid 19, la alimentación pasó a primer plano y la habilidad de cocinar se ha hecho un requisito indispensable en los tiempos de cuarentena obligatoria.
La permacultura y la agroecología dan la pauta en soberanía alimentaria estos días (con diversidad de cultivos rotativos y la fertilización por medio del compostaje), ocupando antiguos saberes para adaptar los cultivos a las condiciones que poseen sus terrenos, entregando, a quienes dedican sus días al huerto, el alimento necesario y de calidad para afrontar la nueva normalidad.
No nos queda más que agradecer al sector rural, que lleva a nuestra mesa alimentos de excelente calidad pese a la baja valorización de sus productos por monopolios compradores, el poco desarrollo tecnológico y la merma por diferentes plagas que se han ido introduciendo en sus cultivos (en plena crisis hídrica) sin suficiente agua para riego y con lluvias a destiempo que dañan desde la semilla hasta el día de la cosecha.
Como recomendaciones les dejo el Corto “Abuela Grillo” de Denis Chapon y e Disco “Herencia para un hijo gaucho” de José Larralde.

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