Fotografía: Ilustración de Victoria Cataldo

La primera jornada de lluvia con tormenta -con todo o sino pa’ qué- dio inicio a la temporada de hongos de otoño en el centro sur de Chile.
Hay diferentes formas de recorrer un sendero, ya sea sobre ruedas o caminando y claramente la velocidad varía dependiendo de lo que quieras mirar, considerando a la observación de hongos, un senderismo de paso lento, muy preocupado de la gama de colores que entregan estos organismos.
El bosque tiene recolectores que por tradición familiar conocen y reconocen bien los frutos de temporada y llevan a las ferias libres diferentes hongos comestibles, que salen tanto en el bosque nativo como las plantaciones forestales.
Según el libro Hongos de Chile del Profesor Waldo Lazo, la zona más al norte donde se encuentra Ramaria flava (Changle) es Chillán. En torno a eso, recuerdo a un comerciante y recolector que todos los años vende este hongo en el Persa de Chillán; él comentaba que el 2019 las lluvias llegaron tarde, pasado Mayo, por ende con lluvias más frías que finalmente fueron nevazones, dejando a los changles enterrados.
Ahora, en un escenario de pandemia, las actividades al aire libre poseen un grado de peligrosidad por riesgo de contagio. Entendiendo que la recolección es un trabajo para los habitantes de los bosques, se hace importante el autocuidado, con los resguardos necesarios.
Los hongos en su complejidad, nos brindan alimento, materiales, controlde plagas, medicina y herramientas biotecnológicas, siendo el Reino Fungi el punto de encuentro para diferentes áreas de las ciencias y la tecnología.
Como recomendaciones les dejo nuevamente el Documental “Fantastic Fungi” de Louis Schwartzberg y el Disco “Entre mar y cordillera ” de Patricio Manns.

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