¿Manu militari?

Por Cristian Gutiérrez | Sabemos lo complejo que son los tiempos que corren, nadie duda ni un minuto en lo difícil que está todo luego de...

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Sabemos lo complejo que son los tiempos que corren, nadie duda ni un minuto en lo difícil que está todo luego de la pandemia. Tiempos duros, sobre todo para quienes sufren realmente lo embates de esta crisis, esos que no pueden sortearla volando en helicópteros, ni tampoco pueden darse el lujo de trabajar desde la cama con una copa de buen vino tinto, como lo hizo la jefa máxima la UDI Jacqueline van Ryssel-berghe. Los verdaderos efectos se ven (aunque la pandemia no respete clases), en los más desposeídos, esos que comen en la mañana pan con crisis, almuerzan una sopita de crisis y viajan en buses en crisis por más de dos horas, para cenar nuevamente crisis con lo que haya.
La crisis, no obstante, parece estar sirviendo sin escrúpulos quienes hoy están en el poder (cada vez más solos). En este punto uno se pregunta ¿para qué sacaron a los “boinas negras” a las calles? ¿A cumplir un rol policiaco al estilo de los “paras”? paracaidistas de fuerzas especiales que patrullaron Argelia en los 50 o que viajaron a Vietnam en el 40 (en todo caso, en ambas oportunidades salieron derrotados) ¿querrán echar mano militar, como tantas veces en nuestra historia, para afirmar su nulo poder y nula legitimidad ante el pueblo?
El movimiento de poner nuevamente en el “2° piso” de La Moneda, a Rodrigo Ubilla, uno de los principales responsables de las violaciones a los Derechos Humanos durante el “estallido social”, parece ir en la línea de una intención represiva por parte del Gobierno, porque saben que se viene dura la mano, el despertar no se apaga ni con el COVID-19. Aquí corresponde dar un ojo a nuestro pasado reciente.
En un documento posterior al golpe de Estado de 1973, los administradores de aquella crisis, sacaban a relucir todo su ingenio en un documento reservado de la Dirección de Relaciones Humanas. El Oficio reservado N°23 se titulaba “Chile de pie frente al desafío de la crisis económica”. En este documento, se planteaban claros objetivos en medio de la crisis del petróleo:
“a) Focalizar la atención de la población en acontecimientos ajenos al acontecer nacional b) Realizar un trabajo psicológico subliminal, a modo tal, que la ciudadanía ligue el problema internacional como causa de la crisis económica interna”. Ese trabajo psicológico estaría obviamente apoyado por toda la maquinaria de comunicaciones y represiva de la dictadura y contaría de tres fases. En su tercera fase Señalaba el documento que la “Junta de Gobierno en Pleno” debía informar al país sobre la situación de crisis, con el objetivo de, “hacer parecer a Chile como víctima. Pedir la solidaridad y el compromiso para luchar unidos”. Frases y estrategias que hoy hemos oído y visto en el actuar del Gobierno de Sebastián Piñera.
La señal que el pueblo esperaba, no es ver a los boinas negras armados hasta los dientes en las calles, buscando enemigos imaginarios que asesinar. No, el coronavirus no puede atacarse con balas. Sebastián Piñera ya entendió que terminó su mandato, y soltó el timón hace rato; lo entregó a sus amigos empresarios y a los que juegan juegos de guerras virtuales. Y en esta decisión, dejó al pueblo en completa soledad. Pero como dijimos antes, los que siempre han estado en crisis, los pobres del campo y la ciudad, saben mejor que todos, hacerle frente a esta y a cualquier crisis que se nos venga.

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