Por Felipe Sandoval

En múltiples oportunidades ha sido posible escuchar -a entendidos en el tema educativo- que la educación en nuestro país necesita, desde ya hace algún tiempo, repensarse, reformular su diseño, y evaluar críticamente elementos inherentes a su sistema, tales como, la jornada escolar completa, las implicancias de evaluaciones estandarizadas -por ejemplo, el SIMCE- las excesivas evidencias del quehacer administrativo, la extensión de un curriculum nacional, entre otros. En función de lo expuesto, bien vale la pena cuestionarse la real necesidad del retorno a clases de niños, niñas y adolescentes de nuestro país, y si no sería está la posibilidad de evaluar y reorganizar aspectos como los mencionados.
En medio de un escenario de crisis ¿Es apremiante volver a los recintos educativos? ¿Resulta seguro? En un contexto de transición hacia una normalidad, pocos elementos se convierten en ventajosos para el retorno escolar. Este año lectivo ha sido totalmente distinto, no exento de grandes dificultades que han exigido a los docentes y asistentes de educación del país, realizar adaptaciones en su trabajo, debiendo lidiar con circunstancias tales como la educación a distancia, y barreras asociadas a su acceso y el proceso mismo. La situación relevó además la enorme brecha digital existente en el país.
Llegado a esto punto, es importante matizar lo que realmente es necesario,como la prudencia, que prime el criterio sanitario por sobre otra postura, necesidad o pretensión del Ministerio de Educación (Mineduc) y que este último bien lo comprenda y asimile. Tal como han replicado muchas familias y apoderados del país a las vagas declaraciones de la autoridad: “No expondré a mi hijo en vano, prefiero perder el año escolar”. A su vez, debemos tene presente que el exceso de confianza ligado a un posible retorno, no pase la cuenta e implique rebrotes y nuevas medidas de confinamiento.
Lo señalado, no implica desconocer la importancia del proceso educativo-formativo y socializador que tiene la escuela, liceos y colegios, sino que, hoy más que nunca, la prioridad debe ser la salud y el acento debe estar puesto en ello. Los colegios son una fuente potencial de contagio por donde se evalúe y las medidas y/o protocolos -tales como control de temperatura a niños, circuitos de ingreso y salida de estudiantes, cantidad de alumnos por sala, horarios diferidos, jornada invertidas, entre otros- no eliminarán el riesgo de contacto social propio del encuentro interpersonal, de la interacción social de niños/as y adolescentes que desean como es lógico jugar y hacer grupo.
Los puntos de cuestionamiento, hasta que la autoridad sanitaria concluya que el COVID-19 se encuentre controlado, son: el contagio de algún estudiante en un curso -o al interior de la comunidad escolar-, el contacto con las familias -los centros educativos han sido en muchos casos puente directo con los hogares (canastas de alimentación, entrega de material pedagógico)-, los alumnos que almuerzan en los centros educativos, los recreos y la salud de los trabajadores -como por ejemplo la exposición del docente a distintos grupos-. Por consiguiente, ¿asoma como seguro o prudente el eventual retorno a clases? Probablemente ahora o en lo inmediato, no, ¿ qué piensa usted?.  

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Felipe Sandoval Gutiérrez

Psicólogo

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