Nos están envenenando y pocos lo saben

Esta sección es un espacio abierto, por lo que las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

Se dice que un gran salto tecnológico en la agricultura se vivió en los años ´60 con la llamada “Revolución Verde”, sin embargo esta se inició varios años atrás en las batallas de la segunda guerra mundial, cuando una forma de vencer al enemigo era eliminando sus cultivos al rociar algún producto químico con lo cual los dejaban sin suministros de comida. Pues bien, esa tecnología fue adaptada a los sistemas de producción tradicionales y poco a poco se lograron aumentar los rendimientos de cosecha y a su vez prescindir de una gran cantidad de mano de obra.
Estas sustancias “milagrosas” son capaces de resolver casi cualquier problema que se tenga en la agricultura, ya sean plagas, malezas, hongos, etcétera. Sin embargo sólo son herramientas paliativas, ya que todos los “problemas” son en realidad una reacción del ecosistema a diferentes condiciones de presión. Debemos pensar que en la naturaleza existe una autorregulación y los ciclos biológicos son perfectos en el proceso de evolución constante.
Ahora bien, existe una estrecha y directa relación entre el desarrollo de enfermedades y síndromes con el creciente aumento de uso de pesticidas. Dichas enfermedades se pueden presentar bastante tiempo después de la exposición a estos químicos y es aquí donde está el problema, porque muchos de estos químicos permanecen en los alimentos por tiempo indefinido y, para empeorar la situación, las carencias (tiempo de resguardo entre las aplicaciones y la cosecha) no son respetadas por los agricultores.
Acá no quiero culpar a unos ni defender a otros; simplemente quiero exponer que estamos muy lejos de tener una real conciencia de lo que estamos comiendo. Me podrían decir que los organismos de fiscalización hacen sus labores, y puede que tengan razón, pero también he visto directamente a agricultores aplicando insecticidas y cosechando en el mismo día, sin siquiera tener el mínimo resguardo para ellos ni para sus clientes. Y, por más que se desee hacer una buena labor de fiscalización o capacitación, las responsabilidades son compartidas entro los actores que participan en estos procesos productivos. Por un lado, no existen restricciones para la compra de cualquier pesticida (aún más peligrosos que el uso de antibióticos u otro remedio con prescripción médica) y por el otro, tampoco existe el manejo técnico adecuado para su uso. Pero, como bien he dicho al principio, el punto no es el uso para resolver algunos problemas, si no más bien, es el desconocimiento de los procesos que existen en la naturaleza para preservar el orden biológico de la misma.
La situación es clara: no sabemos lo que comemos y nos estamos enfermando sin darnos cuenta.  

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