República: ¿una simple palabra o una compleja realidad?

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Mucha polémica generó la eliminación de la frase «República de Chile» del artículo dos del reglamento de la Convención en la subcomisión de Estructura Orgánica y Funcionamiento, propuesta por una convencional mapuche y dos constituyentes más. El argumento de la constituyente Catrileo es que el artículo segundo debe tener concordancia con el artículo primero, que establece que la Convención Constitucional es de los «pueblos de Chile».

Debemos entender que aún no se está tratando nada sobre el contenido de la nueva Constitución. No es que la Convención haya decidido que Chile ya no es una República -para evitar falsos rumores- sino que se trata del Reglamento que debe tener la Convención para comenzar a redactar el nuevo texto constitucional. Sin embargo, esto marca un precedente por la actitud que están demostrando algunos constituyentes que, al parecer, creen que Chile está comenzando con ellos.

Algunos criticaban, tras la eliminación de «República», que inconsciente e implícitamente se podría estar haciendo una especie de apología a la Monarquía, algo que dudo rotundamente. Sin embargo, si ese fuera el caso, creo que el lado opuesto al régimen republicano no es sólo la Monarquía sino también la Oclocracia, como la degeneración democrática donde la autoridad suprema descansa en la muchedumbre.

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De lo que ocurrió en Chile desde octubre del 2019 podemos rescatar algunas cosas buenas y malas. Lo positivo es la generación de un mayor debate en el espacio público, no solo de movimientos sociales difusos e interconectados, sino de la concordancia de ellos en la pretensión de una revolución democrática, tal como lo señalaba el teórico posmarxista Ernesto Laclau.

También podemos ver que existe una mayor consciencia y acción sobre las problemáticas socio-económicas y la generación de nuevas instancias participativas -pueden existir más elementos positivos pero no es el objetivo principal de esta reflexión-. De lo negativo, considero que ha sido la crisis y el desplome institucional, el desborde de la violencia, la manipulación del sentido y aplicación de la justicia frente a la vulneración del derecho de terceros en el marco de las protestas, y lo peor de todo, la generación de una Oclocracia.

Con esto no estoy equiparando la eliminación de la palabra República con un sistema de gobierno degenerado, estoy diciendo que el espíritu que mueve a alguien a poner en duda el término «republicano» es de un sentido oclocrático, de dejarse llevar por la euforia y el resentimiento acumulado las masas.

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Puede ser que la razón de la eliminación del concepto sea poner en duda el sentido de Estado-nación de la República de Chile, marcando un precedente de que a futuro quede plasmado en la Carta Fundamental que nuestro Estado sea Plurinacional, donde los pueblos indígenas tengan el grado de nación. Esto es algo que se puede discutir en otra instancia pero, si la intención es hacer creer que Chile no es un pueblo sino varios pueblos ¿Por qué eliminar también la palabra República?

Creo que se debe a una actitud oclocrática o de pensar que lo Republicano tiene una connotación derechista -ya sea por el Partido de José Antonio Kast o el de Estados Unidos- pero, no olvidemos que las facciones Izquierdistas de la guerra civil española se denominaban así mismas como Republicanas. Esta paradoja de términos también puede utilizarse al concepto libertario, nacionalista, democrático, popular, etc.

Más allá de cualquier implicancia que puede conllevar esta polémica decisión, creo que, por ningún lado, genera un aspecto positivo el solo hecho de estar discutiendo este tema. Tampoco se trata de generar un discurso del terror, ni mucho menos de querer manchar la imagen de la convención -porque algunos constituyentes se denigran así mismos-, pues ante un simple ejercicio racional de costo-beneficio, querer que la Convención fracase no es sólo un egoísmo inaceptable, sino un maquiavelismo sin sentido.

No se trata de encontrar solo aspectos negativos. La Convención sí ha estado funcionando, sí ha trabajado, sí hay avances, pero es un ingenuo error creer que la Convención es una Asamblea Inmaculada.

Es hora de defender nuestra República frente a cualquier atisbo que ponga en duda su contenido y esencia, y más aún, es hora de defender el pacto social; no olvidemos que el carácter de República en la nueva Constitución no se puede transgredir. No olvidemos que la Convención Constitucional no es soberana. Solo debe limitarse a realizar lo que el pueblo de Chile decidió en las urnas. 

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