Los árboles: Primeros diputados y defensores del pueblo

Julio Becerra ecólogo y biólogo
Julio Becerra ecólogo y biólogo

Esta sección es un espacio abierto.

Las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

¿Quiere enviar sus columnas a La Fontana? Escriba a contacto@lafontana.cl

¿En qué se parece un diputado a un árbol? En que ambos -si los diputados son agentes sociales sanos- evalúan y aprecian lo que es mejor para la salud integral del ambiente o entorno. Los diputados “disputan” posturas divergentes, las procesan en sus trabajos legislativos, para llegar a un ensamble de una ley en beneficio de una comunidad respirante. Al menos en lo ideal, ese es su rol. Literalmente la palabra diputado viene del verbo latino deputare, que es “evaluar”, “apreciar”. Ellos, luego de sopesar argumentos y contra-argumentos, incorporan intereses legítimos diversos y posturas divergentes, ensamblan acuerdos que satisfagan el bien común. Ambos trabajan con redes biológicas mutualistas.

Precisamente en esta analogía se inspiró el biólogo Julio Becerra para descontaminar el ambiente de Chillan. En un momento en que algunos estúpidamente hasta cuestionan la presencia de árboles en calles y plazas, este experto, este magíster en Ciencias Químico-Ecológicas, quiere aprovechar la generosa “vocación publica” de los árboles urbanos para así potenciar su capacidad purificadora del aire, tan deteriorado en nuestras urbes. Pero ¿cómo? El propuso a Corfo y a la Municipalidad una solución simple y genial: colocando en sus cortezas musgos, líquenes y enredaderas. Con ello, lograr un ensamble virtuoso: los árboles les acogen como “hijos”, le proporcionan la humedad y arraigo y ellas capturan y transforman las partículas contaminantes. Así los árboles serían “la primera línea 24/7” en defendernos de agentes patógenos que enferman pulmones, que -al reducir el oxígeno en nuestro cerebro- dañan severamente nuestra capacidad cerebral de pensar.

Es decir, si los ciudadanos caminan llenos de CO2 nadie puede evaluar, apreciar, sopesar, discriminar. Y todos seríamos candidatos al Alzheimer, tal como hoy ya se está viendo: ¡muchos olvidan por qué y para qué puso Dios a los árboles en medio de la Naturaleza! Porque altas concentraciones de este gas producen una sensación tan poco confortable debido a que desplaza el oxígeno del aire y hace que la respiración se vuelva más fatigosa. Por tanto, ellos, acompañados de esos sus aliados vegetales en sus cortezas, se volverían los primeros “diputados”; es decir, en los más leales defensores del pueblo. Becerra reparó en una propiedad maravillosa de musgos, líquenes y enredaderas -la de ser filtradores naturales de agentes contaminantes- proponiéndoles un papel ciudadano: ensamblados a los árboles urbanos de Chillán, darles -en un Proyecto precioso- un papel central para  la calidad de vida de la ciudad. Lamentablemente, a pesar de ser aprobado por el Consejo municipal y a pesar de ofrecerlo él mismo sin costo de honorario alguno -solo los gastos de operación- la administración pasada no resolvió.

“El papel ecológico de estas biocortezas -afirma Becerra- es más importante de lo que se pudiera pensar, pues ayudan a controlar el movimiento del agua y protegen el suelo de la erosión; fijan el carbono y el nitrógeno (los ácidos + óxidos de la polución), alteran el “efecto albedo” de la tierra (absorben altas tasas de radiación solar); controlan los flujos de nutrientes, y por extensión, influyen en la biodiversidad a nivel local.”

El científico propone generar un producto de cobertura vegetal que contribuya a la descontaminación de toda ciudad afectada por la polución. También servir a empresas que quieran contribuir a descontaminar sus zonas de sacrificios. En la actualidad, destacó, “no existe en Chile una iniciativa de este tipo y tampoco hay evidencias de que se haya realizado algo similar a nivel internacional, por lo que el programa es de carácter piloto en Chillán”. Así, la ciudad pasaría a la vanguardia experimental, el lugar donde se soluciona la enfermedad de la modernidad. Pero antes, se precisa algo previo y obvio: dejar de cortar y llenar con más árboles.

Cansado él mismo de la inercia por la tan poca voluntad política por defender el ambiente, e inspirado en la función biológica de los árboles defendiendo al pueblo día y noche, Julio Becerra tomó una decisión de ensamble social virtuoso y radicalmente oportuna: postular él mismo a diputado de la República.

El aplauso verde ya es cerrado en los troncos de los árboles.

Esta sección es un espacio abierto, por lo que las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

| Últimas noticias