“Pase de sabiduría”: Urgencia máxima en la salud de Chile

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Fundamentar los juicios
Fundamentar los juicios

«La técnica de la infamia es instalar dos mentiras a la vez y hacer que la gente discuta con apasionamiento sobre cuál de ellas es la verdad». Esto lo dijo un gran sabio que no voy a dar su nombre porque lo más probable es que al instante comiencen las descalificaciones. Pero lo sano y sabio sería ver primero cuánto de sentido y verdad podría tener en sí esta afirmación y, una vez hecho este examen, decidir cómo yo la podría aprovechar para revisarme y mejorarme. Recién luego la podría compartir o recomendar. El problema de las redes sociales es que la gente mete todos los discursos y todas las personas que alzan una voz en un mismo saco: el saco de sus prejuicios. Hay una falta absoluta de discriminación básica. Menos aún hay escucha profunda y empática. Mas escasa aún, una reflexión a solas donde yo mismo me pueda hacer un mínimo cuestionamiento.  ¡Qué duda cabe que hoy en medio del inmenso basural de vómitos en caliente inaguantable de las redes, también circulan unas cuantas perlas de la más pura y alta sabiduría!  Y es tan fácil el acceso a ella por causa de la Internet, que pasan invisibles a fuerza de estar tan a la mano. Por esas perlas tan escasas, hubo siglos no tan remotos que exigían peregrinar sedientos setenta años, ser azotado por tiranos en cuarenta mazmorras, exponerse cien veces a la muerte, cruzar cincuenta ríos, para merecer unas gotas de sabiduría de algún maestro vivo.  Me imagino, por ejemplo, los viajes de Pitágoras o de Platón a Egipto, plenos de peligros, asaltos, fatigas, etc. Pero ellos entendían que por ese tesoro eterno ni el fabuloso oro del Rhin o las esmeraldas de todas las Rusias podría pagar.

Por ejemplo, muy pocos reparan que en política, reducir todo a sólo dos opciones ideológicas son una técnica, una encerrona colonialista. No son genuinas opciones mestizas chilenas o latinoamericanas. Todas inducidas, inyectadas -y estratégicamente financiadas- desde afuera de nuestra Abya Yala (nombre indígena de este continente) para dividirnos y hacernos pelear hasta desangrarnos. Entonces, los primeros auxilios de la UTI psicológica-espiritual de la sabiduría, la medicina base de realidad, debe comenzar con el manejo de la mente, de la conciencia, con el autocontrol de la voluntad, con una visualización de futuro, más allá de mis tan básicas rabietas o frustraciones emocionales. Porque esas cápsulas o píldoras no las vende ninguna farmacia popular (partidos políticos) ni menos en las grandes cadenas caras tan coludidas (ideologías de las finanzas trasnacionales).  Porque todas se generan por y desde el trabajo interno, esa disciplina reflexiva que le permita a nuestra chispa espiritual adueñarse del propio destino.

Pero ¿cómo distinguir esas perlas de sabiduría en medio del vómito de las opiniones irresponsables? Como es difícil pensar, por eso es más fácil hacer juicios, opinar. Entonces, para conseguir ser sabio pensante, el primer paso es aprender a fundamentar las opiniones, esas que largamos a diestra y siniestra, con las puras vísceras revueltas. Las redes sociales están repletas de juicios volátiles y gratuitos, de mentiras visuales y de engaños que insultan toda mínima honra. Las opiniones de hoy son juicios de seres que al parecer se ha trastocado su mente, personas que han “perdido el juicio”. Ellos cuando opinan, no mencionan estándares de validez de ese juicio, las condiciones en que se verifica, la fuente autorizada -o no- que lo emitió, en qué contexto, el dónde, el cuándo, etc. No se dan esas molestias porque hacerlo implica pensar, trabajo mental y búsqueda de contexto suficiente para poner en perspectiva las cosas. Ese es el problema de la modernidad; es mucho más fácil descalificar la fuente, enlodarla o minimizarla con un juicio subjetivo (aunque sea verdadera mi opinión) para así quedarnos tranquilos y no cambiar. Por lo que todo lo que nos a ayude a la transformación merece nuestro auténtico  aprecio y respeto, haciendo el inevitable ejercicio de primero separar y evaluar bien las cosas.

“Ninguna sociedad quiere que seas sabio, esto va en contra de los fundamentos de todas las sociedades; si las personas son sabias no puede ser explotadas, si son inteligentes no pueden ser manipuladas, no pueden ser forzadas a vivir mecánicamente como si fuesen robots. Los sabios y los inteligentes llevarán siempre junto a ellos la fragancia de la rebelión. Ellos amarán vivir en libertad. La libertad nace junto a la sabiduría, y ninguna sociedad quiere que seas libre. La sociedad comunista, la sociedad fascista, la sociedad capitalista, la sociedad hindú, la musulmana, la cristiana, ninguna sociedad lo quiere. Porque en el momento en el que los individuos empiezan a usar su propia inteligencia superior, entonces se vuelven peligrosos, peligrosos para el sistema, peligrosos para las personas que están en el poder, peligrosos para los eruditos, peligrosos para los que planean todo tipo de opresión, explotación y supresión; peligrosos para las iglesias, peligrosos para los estados, peligrosos para las naciones.  De hecho, un hombre sabio es fuego viviente, una llama que siempre vive ardiendo. Pero él no puede vender su vida, él no puede ser un sirviente, él prefiere morir antes que convertirse en un esclavo”.

De nuevo no puedo dar el nombre de la cita anterior porque saltarán las infamias contra el autor. Dirán “ése es un falso”, “un estafador”, etc. En verdad pensar así, la estafa mayor la cometemos con nosotros mismos, cuando no queremos dejarnos transformar por una luz, sea quien sea quien la esté repartiendo. En verdad al querer engañar y estafar la realidad con juicios falsos, el engaño mayor lo hacemos con nuestra propia mente, justo cuando despreciamos verdades universales como esta, sea quien sea quien la haya dicho. 

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