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Cada vez se hace más dificil despertar

Esta sección es un espacio abierto, por lo que las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

Hace cuarenta años, paralelamente yo conocí a dos personas muy notables, bastante por encima del nivel común. Se convirtieron en mis maestros, hoy ambos difuntos y progresando en otras esferas. Se tratan de Darío Salas Sommer, filósofo formador del Instituto Filosófico Hermético, y Ceferina Huaiquifil, una kimche, “sabia” mapuche al oriente de Pucón.  Cuando les conocí a uno en Santiago y a la otra en su ruka de Kelüwe, me pasó lo mismo: me sobrevino un golpe, el mazazo de sentir mi propia impotencia por no poder ampliar mi entendimiento, de no poder hacer algo con total lucidez y conciencia, impotencia de hacer algún acto por primera vez “humano”. Es decir, un acto con plena presencia de mi Ser, de total fuerza interna, con mi Yo Superior comandando todas las células de mi cuerpo. A causa de su influencia, sentía que nunca había efectuado alguna acción que remotamente se hubiese parecido a un “acto espiritual”.

Tanto Darío con sus conferencias y trabajos físicos como Ceferina con su enseñanza desde su cocina, ambos me enseñaron que los antiguos sabios manejaban varios niveles de despertar. Y que estos, en el caso mapuche, todavía estaban presentes en el idioma. Iban desde el recuperar la conciencia de una borrachera, hasta el inarrumen; es decir autobservación consciente de todo, darse cuenta y cambiar. A pesar de que anoté rápido algunos verbos allá, no los asimilé sino hasta varios años después. Y desde entonces reflexiono que casi nunca somos conscientes de nosotros mismos y nunca tenemos consciencia de la dificultad de ser consciente; es decir, de vivir como guerreros desde un Yo despierto, ese inche, ese “yo” que sería la “verdadera iglesia” según Ceferina. “Quien tiene la mente despierta no necesita ninguna religión”, me recordó un día junto al mate. Y esto me impactaba a fondo. Pensaba en que las iglesias nos habían adormecido por siglos. Pero también las modernas comunicaciones y el materialista sistema de creencias de nuestro tiempo. Observaba que la sugestión colectiva lo hacía todo, que nos estaban “vendiendo” por ejemplo, que a nuestro país de entonces el deseo de las cosas era lo importante, lo estaban sobornando con conseguir un alto estándar o nivel de vida para que nadie se pare a pensar por dónde anda el nivel de sus vidas.  Hoy, todo conspira para vendernos otra cosa, otro país, el de pensar que somos “libres”, que decidimos sin tutelas, que la droga de las pantallas es mejor que un libro, que toda conducta corporal o palabra grosera, por perversa o estúpida que sea, tiene derecho en la calle, la televisión, en la universidad o en la Constitución, etc.

Desde entonces, gracias a ellos, todo lo empecé a ver -y lo sigo viendo- organizado y manipulado para volvernos sonámbulos, zombies que se creen despiertos o haciendo algo importante. Cuando en realidad nadie puede hacer algo verdaderamente valioso o impecable si lo hace en estado de sonambulismo. Y en este estado se fundan universidades, se arman parejas, se firman tratados internacionales, se engendran hijos, se levanten nuevas guerras por el oro, el gas de Ucrania…Además hoy, el Nuevo Orden Mundial impone que en duermevela se elijan políticos, que se propaguen virus, que se promulguen leyes que debiliten aún más a la humanidad, etc., etc.

Por el puro expediente de que abrimos los ojos cada mañana, creemos que ya lo vimos todo y que podemos de juzgarlo todo ¡Qué soberbia! Y cuando la verdad es que no pasamos sino del sueño dormido al sueño despierto. Borges resumía nuestra desgracia: “la vigilia es otro sueño que sueña no soñar”. Y así andamos a diario, de tumbo en tumbo, identificados con lo que nos pasa, nunca separados de la máquina corporal que nos transporta o de los pensamientos que nos enchufan -porque son ajenos- creyendo que somos “nuestro cuerpo”, que “somos” lo que sentimos, que “somos” nuestras emociones, etc.

Lo esencial es conseguir despertar a cómo dé lugar, según Gurdjieff. Es decir, existir desde la chispa divina de la conciencia de Ser. Dios está dormido dentro de nosotros. Solo una mente despierta, un esfuerzo inmenso por vigilarse, puede rechazar identificarnos con nuestra ilusoria persona o con las circunstancias que nos rodean. “Hay que acecharse todos los días”, me siguen insistiendo Ceferina y Darío.

Esta sección es un espacio abierto, por lo que las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

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Maria Soledad Poblete
lunes, 2 de mayo de 2022 02:29

Así es lamentable para todos y «Hay que acecharse todos los días» hay que estar pendiente, alerta yo personalmente hay veces que lo noto al rato.

Ángeles Manríquez
lunes, 2 de mayo de 2022 06:12

Lamentablemente vivimos en estado zombie desde que suenan todas las alarmas paea iniciar «la vida» cada día y se va potenciando ese estado con cada botón que presionamos, el prwnder la tv para inyectar nuetsros sentidos con noticiarios del terror, von la cafetera para inyectarnoss falsa energía en el cuerpo, con cada clic en los botones de comprar, adquirir, confirmar, pagar que damos en nuestras pantallas para vestirnos o alimentarnos de manera sosa y superficial…. Todo nos aleja del autoconocimiento, de mirar adentro, de ver ese «dios dormido» que se ha dormido por aburrimiento a ser ignorado, no reconocido y a veces parece muerto de pura inanición.
Despertar no es fácil, mantener nuestro estado de Consciencia elevado por sobre todo lo que nos hacen creer que somos es una lucha diaria que resultará exitosa siempre y cuando nos demos el regalo de la reflexión. Este artículo me ha dado eso esta madrugada y me ha permitido volver a mi aunque sea un poquito. Gracias. Gracias. Gracias

Cecilia Hernández
lunes, 2 de mayo de 2022 10:11

Gracias, una vez más estás palabras remecen mi ser.

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