Encara la vida con pasión, orgullo y sin miedo

Columna de Ziley Mora Penrose en La Fontana.
Columna de Ziley Mora.

Esta sección es un espacio abierto.

Las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

¿Quiere enviar sus columnas a La Fontana? Escriba a contacto@lafontana.cl

“Otro año más que se me pasó volando, preocupado casi en puras insignificancias que al final nada me dejaron… Ahora me doy cuenta, ahora que me veo más solo, con menos dinero que antes y corriendo agitado para poder pagar mis citas médicas. Qué tonto he sido por gastar mi energía y haberle dado tanto tiempo a tanta basura”. Así decía el texto de un seguidor mío en la red de Instagram, comentando uno de mis posteos.

Que la vida es un ilusionista callejero, que nos “emborracha la perdiz” con mil y un artificios, con mil y una bagatelas que se reemplaza por otra y otra cada dos segundos, ¡qué duda cabe! Con espejismos digitales tan insubstanciales como la ilusión de encontrar el amor en las app de citas o con el autoengaño de que “ahora sí que no podemos perdernos tal ciberday”, etc., nos come los mejores años, nos carroñea hasta el tuétano de los huesos.

¡Que este año fue duro y bronco, ¡qué duda cabe también! La vida en verdad es desierto y oasis. Ella nos exige y nos hace sufrir porque necesitamos aprender y despertar. La vida nos esconde tesoros hasta que aprendamos que es preciso salir de lo habitual y enfrentarnos a lo desconocido de la vida y allí buscarlos. Por tanto, y a pesar de lo que sea que nos haya pasado este año, nunca abandonemos las ansias de hacer de nuestra vida algo extraordinario, porque vivir es lo extraordinario y lo distinto.

No dejes de creer que nuestras acciones, nuestros gestos, las palabras, la belleza de tus obras, aunque modestas, sí pueden cambiar el mundo. Te aseguro que de nuevo este año, pase lo que pase, nuestra esencia, la tuya y la de todos, estará intacta. Porque somos seres llenos de pasión, que puede y debe renovarse, tal como el magma del centro de la tierra, esa fuerza ígnea que constantemente está desbordando a nuestros volcanes. Solo debemos preocuparnos de agregar amor y pasión a lo que hacemos. Y para ello, pon cuanto eres, todo tu ser, en lo mínimo que haces.

Porque, tal como lo dice el gran poeta Fernando Pessoa “para ser grande sé entero, sé todo en cada cosa… Por eso la luna brilla toda en cada lago, porque alta vive”. Entonces la clave es vivir alto, vibrar alto para que esa nobleza, el brillo, se refleje completo en cada mínima cosa que hagamos. Es decir, no hemos nacido para la dispersión, sino para la concentración y desde allí resonar con las otras cosas del mundo, desde allí reflejarnos en ellas. No somos seres de la cantidad, sino de la calidad de lo que nuestras manos o nuestro corazón muestra y ofrece cada día al mundo. Y el brillo nuestro es interno, no depende de la popularidad de las redes sociales.

Consideremos cuántas cosas inmensas en lo más pequeño. Con mucha frecuencia, lo más pequeño puede ser lo más grande. Solo es cuestión de saber mirar, para después, recordar. Lo vemos pequeño, con nuestros ojos. Sin embargo, si nuestros ojos fueran microscopios, nos quedaríamos ciegos. Por eso registra, ¡escribe esa pequeña-grandiosa maravilla!

A causa de ello, respeta lo que halles hecho antes por mano ajena en la labor diaria. A quien te siga, herédale el ejemplo de eso tan pequeño y borra tu nombre, como las anónimas manos que tejieron la red de comodidades que hoy tu cuerpo disfruta: el agua que fluye por cañerías de cobre que tu no laminaste, el pan que comes salido de un trigo que tu no sembraste y que fue triturado por un motor cuyo desconocido diseño pertenece a no sé qué ingeniero del siglo pasado. No eres el primero, no eres el último, no eres el más grande. Y si lo eres, qué importancia puede tener. Casi siempre recuerdo a alguien por la simpatía graciosa de sus gestos, por la levedad de su sonrisa o el amor con el que acariciaba la madera recién barnizada o la delicadeza con que curaba a un animalito silvestre mal herido.

Así, este año que empieza, aunque te queden cincuenta años o dos meses de vida disfruta del asombro, del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente, sin asomo de rutina o mediocridad. Ten presente que un gran riesgo no hechiza a espíritus mediocres, que “el hombre no hubiera logrado lo posible -lo escribió Max Weber- si no hubiera tratado, una y otra vez, de alcanzar lo imposible”. Piensa siempre que en ti está el futuro, que lo que te suceda este próximo año no depende de la suerte ni de la inflación económica, por lo que encara la tarea que te apasiona con orgullo y sin miedo.

Esta sección es un espacio abierto, por lo que las opiniones vertidas aquí pertenecen exclusivamente a su autor y no necesariamente representan una mirada editorial.

0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios