“La democracia es un modo de convivir que se funda en el mutuo respeto y el deseo de estar juntos haciendo lo que se hace en la colaboración”, afirmó Humberto Maturana en el Diario La Tercera (2021). Esa reflexión se vuelve especialmente pertinente cuando el país se prepara para elegir a quien, desde marzo de 2026, asumirá la piocha de O’Higgins y conducirá la jefatura de Estado y la Presidencia de la República. En menos de 48 horas conoceremos ese nombre, pero antes de que eso ocurra somos 15.791.056 ciudadanos habilitados, según el Servel, quienes tenemos la responsabilidad de ejercer el voto con convicción.
Aunque el clima político suele presentarse como una pugna entre dos colores primarios, Chile es mucho más que esa simplificación. Es un país donde, más allá de diferencias, la mayoría anhela seguridad, acceso a educación y salud, vivienda digna, trabajo estable y condiciones que permitan proyectar la vida sin tanta incertidumbre. Nada de eso se resuelve con decisiones mágicas, pero sí comienza con un acto tan cotidiano como ir a votar.
El voto se vive de maneras diversas. Algunos lo sienten como un trámite para no pagar multa; otros lo ven como una oportunidad para disputar parcelas de poder o asegurar beneficios. Pero para la inmensa mayoría es el momento en que, en silencio y sin polémicas televisivas, se deposita confianza en un sistema que reconocemos con sus luces y sombras. La historia reciente del continente lo demuestra: ningún presidente tiene poderes extraordinarios para resolver en meses problemas acumulados por décadas. Lo que fortalece a un país es la continuidad de políticas públicas, la capacidad de dialogar y la voluntad de construir acuerdos, incluso entre quienes piensan distinto.
Por eso, este 14 de diciembre no está en juego una hinchada ni una rivalidad de campaña. Lo que se define es la calidad de nuestra convivencia democrática, esa que nos ha permitido estudiar, emprender, trabajar, disentir, celebrar Fiestas Patrias con asado y empanadas, y reconocernos en un territorio donde cada persona debiera tener cabida. En este Chile diverso hacemos vida los que salen muy temprano a “parar la olla”, quienes cada mañana abren su comercio, quienes producen, quienes cuidan y quienes mueven, con su esfuerzo diario, la economía real de todas las regiones.
La invitación es sencilla y profunda a la vez: votar desde la convicción, no desde el arrebato; desde la razón, no desde la rabia. La democracia, con todas sus imperfecciones, sigue siendo el único sistema que permite cambiar al inquilino de La Moneda cada cuatro años sin romper la vida en común. Y como recordó Maturana, convivir requiere respeto, colaboración y la decisión consciente de participar.



















