Recién inicia en Chile un nuevo período de gobierno. Quienes asumen responsabilidades públicas no solo administran el aparato del Estado: también encarnan un ejemplo para la sociedad. Gobernar implica demostrar con hechos la preparación técnica, ética y política de quienes conducen los destinos de uno de los países con mayor estabilidad institucional de América Latina. Según datos del Banco Mundial, Chile ha mantenido durante las últimas décadas indicadores de crecimiento y estabilidad macroeconómica por sobre el promedio regional, condición que exige que la conducción pública esté acompañada de responsabilidad y visión de largo plazo.
Sin caer en colores partidarios, desde el sector donde he desarrollado buena parte de mi vida productiva (la educación), resulta evidente que los desafíos siguen siendo profundos. Chile registra avances en acceso a la educación superior, particularmente en el ámbito técnico-profesional. De acuerdo con cifras del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), más del 55 % de la matrícula de primer año corresponde hoy a instituciones técnico-profesionales, señal de que cientos de estudiantes compatibilizan estudio, trabajo y responsabilidades familiares mientras buscan mejorar sus oportunidades laborales.
En los próximos años el debate público volverá a centrarse en materias como aranceles, financiamiento, subsidios o sistemas de acceso. Son discusiones necesarias. Sin embargo, existe un desafío que no siempre ocupa el centro de la conversación: revisar con profundidad los modelos formativos, las mallas curriculares y las competencias que hoy se enseñan.
La transformación tecnológica avanza a una velocidad que el sistema educativo no alcanza a seguir. El Foro Económico Mundial advierte que cerca del 50 % de las habilidades laborales cambiarán antes de 2030, impulsadas por la automatización, la inteligencia artificial y la economía digital. Mientras eso ocurre, en muchas aulas aún se compite por la atención de estudiantes habituados a múltiples pantallas con metodologías de otras generaciones.
Vivimos rodeados de sensores, plataformas digitales e inteligencia de datos. Sin embargo, en numerosos espacios educativos la enseñanza continúa centrada en esquemas diseñados hace más de un siglo. La pregunta no es menor: ¿Cuándo comenzaremos a preparar con mayor decisión a las nuevas generaciones para el mundo que ya está en marcha?
Gobernar también es educar con el ejemplo. En educación, las decisiones que se adopten hoy definirán las oportunidades de las próximas décadas. Por ahora, la única certeza es que los desafíos siguen abiertos.



















