Llega el año 2020 y con él una época de balances y proyecciones. ¿Lo hemos hecho bien? ¿Cómo lo haremos de aquí en adelante? son interrogantes comunes en estas fechas. Es normal mirar hacia atrás y evaluar todas las acciones realizadas; es una práctica tan productiva que muchos postulan a realizarla semestre a semestre, y no sólo cada 365 días.
Sin duda que el Estallido Social del 18 de octubre, ha calado hondo en nuestro país. Pero desde hace bastante tiempo se viene solicitando lo mismo: cantidad, pero también ca-lidad. En pensiones, educación, salarios, cultura y todo ámbito social; nace como una necesidad humana.
Así mismo, en las ciudades, como pequeñas repúblicas, existen estas necesidades y, tal como en cada año nuevo, debemos analizar el panorama, cuestionar, poner sobre la balanza e incluso cambiar nuestro rumbo si es necesario.
Un escritorio lleno de demandas o querellas no le hace bien a nadie. Menos a una Municipalidad. Tampoco concejos interminables donde la mesa consistorial se transforma en un ring, y quien alza más la voz gana el enfrentamiento. Allá afuera hay calles sin pavimentar, plazas o parques a la deriva, agrupaciones que buscan difusión, participación y reconocimiento. Sí, se han hecho esfuerzos, pero seguimos pensando como pueblo siendo capital de provincia. Seguimos creyendo que depositar una corona en una estatua es un acto cultural, y que las butacas no se llenan porque la gente no quiere, no porque haya un plan de difusión cultural completamente ausente.
Que una plaza de armas, por ejemplo, concentre actividades gastronómicas, deportivas, comerciales y de entretenimiento en el mismo lugar, y pierda el sentido de centro cívico, es entendible en comunas pe-queñas, ciudades pequeñas, o pueblos; no en un San Carlos que tiene cuatro parques distribuídos a lo largo de la ciudad.
Mientras la autoridad señala los “atributos” turísticos de la ciudad, sus angostas calles y rotos pavimentos no dan abasto.
San Carlos necesita un golpe de timón, mismo cambio que, presumiblemente, pregonarán los candidatos al sitial alcaldicio, que apa-recen los meses o el año antes de las elecciones.
Sin planificación no hay futuro, y sin eficiencia tampoco hay planificación. La ciudadanía ha despertado a nivel país y a nivel local. Esperemos que no se duerma, para cambiar y actuar como lo que somos: una ciudad, no un pueblo.

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