El Coronavirus lo ha cambiado todo; inclusive la forma de hacer una Teletón. No hay faceta de la vida que no haya sentido ese cambio, sobre todo aquí, en Ñuble, la región con el más alto índice de contagio en todo Chile. Claro está que esa estadística depende mucho de la cantidad de habitantes de cada región, pero es una cifra más que alarmante.
Siguen las voces que piden “Cuarentena total” para la capital de Punilla, pero han aflorado como críticas, no como acciones productivas; en cambio, un grupo de jóvenes en San Carlos se ha puesto a disposición de los adultos mayores para realizar compras y despachos a domicilio, y, en Coihueco, micro-empresarios y vecinos buscan apoyo para aumentar su producción de mascarillas y viceras. Estas acciones productivas, que van en beneficio directo de la ciudadanía, no están esperando gestos políticos, sino que siguen un simple patrón de conducta: mirar que tienen en sus manos y como poder ser un aporte al combate implacable de la pandemia.
El llamado a quedarse en casa ha sido reiterativo, pero nunca suficiente; pareciera que debemos repertirlo una vez más.
A lo largo de la historia, las crisis han sido un caldo de cultivo perfecto para la innnovación, la reinvención y la ayuda colectiva. Sólo entre todos podremos combatir el índice de contagios, el número de infectados y, las lamentables cifras de fallecidos.
Sólo entre todos, porque si cada uno en su metro cuadrado sigue la rutina como si nada, nuestros adultos mayores y toda la población de riesgo seguirá sufriendo las penosas consecuencias del COVID-19.
Sólo entre todos podremos superar la crisis, con ideas productivas, con llamados a la conciencia, sin colores políticos y sólo buscando que quienes tienen la autoridad para hacer lo correcto lo hagan, porque sólo si entre todos somos concientes, podremos volver a una “normalidad”, en la que la conciencia diriga nuestra conducta.

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