Desde que comenzó la crisis por el COVID-19 el ciudadano de a pie ha sido bombardeado por noticias. Cifras, estadísticas, frases para el bronce y un sinnúmero de expertos opinando en cada espacio televisivo han ocupado el sitial del “rating” en todos los canales. En la prensa local, radios y medios digitales nos han informado día a día, sin detener la marcha, sobre cada nuevo caso en Ñuble y San Carlos.
Al estrés (cotidiano a estas alturas) se le suma la sobre-información; la audiencia tiene tantas noticias que no sabe que hacer con ellas. Lo extraordinario y relevante es que las noticias son sumamente efímeras: la cifra que se dijo ayer cambió hoy y cambiará mañana. Los medios estamos entregando caracteres con fecha de vencimiento a punto de expirar.
¿Qué pueden ofrecer los medios impresos, en estos tiempos donde las cifras y reacciones cambian cada media hora? Los medios digitales y las radios les han raptado el golpe informativo; los diarios anuncian lo ocurrido el día anterior, mientras que en medios radiales u online la noticia se sabe al minuto, pero sin profundizar. He aquí la característica que hace al papel único: la profunidad.
Y es esa profundidad, justamente, la que el ciudadano de a pie debe buscar. Hoy, cuando todo parece actualizarse de dos por tres, debemos transformarnos en detectives e investigadores de la información, porque el “último minuto” de la radio, la tv o el medio digital es súmamente rápido pero poco analítico.
La profundidad y el análisis le harán pensar al ciudadano de manera fría, utilizando la razón y no la primera impresión.
Hoy por hoy los ciudadanos deben ser inquisidores de los medios de comunicación, transformándose en una lupa implacable. De esta forma, podremos superar al COVID-19; utilizando la razón y el análisis, comprendiendo todas las implicancias que esta crisis está trayendo a nuestras vidas.

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