El reciente fallo del Tribunal Electoral Regional de Biobío, que destituye al alcalde de San Carlos Hugo Gebríe (RN) y lo inhabilita de ostentar cargos públicos durante los próximos cinco años es suficiente fundamento para señalar que existe un notorio desgaste en la figura del esta autoridad.
Tal como lo analizan un par de cientistas políticos en el artículo “Gebríe en jaque”, de la presente edición, la autoridad comunal ha sufrido un daño casi irreparable en cuanto a su imagen, y el fallo del Tribunal Electoral ha sido lapidario. Gebríe señala que apelará, instancia que, en el mejor de los panoramas para el rostro de Renovación Nacional, revocará la sentencia (aunque todo señala que eso es casi imposible, dado que se le imputan 14 cargos, y el TER señaló en su sentencia que “bastaba con sólo algunos de los cargos para señalar que la autoridad tuvo faltas a la probidad y notable abandono de deberes”). Si el Tribunal Electoral desestimara las sanciones del TER Biobío, ni siquiera sería un triunfo para Gebríe, dado que sólo cumpliría con lo mínimo que exige su cargo.
De todas formas, el que un alcalde niegue rotundamente el fallo de un Tribunal y declare que es “persecusión política” nos demuestran dos cosas: el desafío de su palabra contra la de un organismo en Derecho y que, a pesar de todo, no ha cambiado su versión de los hechos ni en lo más mínimo.

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