La misma semana en la que el mundo conmemora un nuevo Día Mundial del Medioambiente, fecha en que debemos reflexionar sobre el cuidado de la naturaleza, nuestro entorno y como convivimos con él, en el Congreso Nacional el mundo político celebraba (o criticaba) uno de los últimos trámites legislativos de la ley que pone límite a la reelección de senadores, diputados, consejeros regionales (Cores), alcaldes y concejales.
La analogía anterior, entre el Medioambiente y este suceso político nos viene como anillo al dedo al momento de evaluar el por qué las autoridades no deben estar “amarradas” a sus cargos políticos por el bien de nuestra democracia: tal como los árboles “respiran” y se oxigenan, la política debe hacerlo.
Si bien muchas veces los senadores y diputados no actúan en base a convicciones personales, sino que responden a doctrinas políticas (puesto que la gran mayoría milita activamente en sus partidos), en la arista local cambia la cosa; tal como señaló el cientista político Cristóbal Vega en la anterior edición de este periódico, los alcaldes y concejales dejan de lado su perfil político o ideológico y centran el foco en su figura como persona natural.
Las Municipalidades son las casas de gobierno de las comunas y, por el bien de la democracia y la evolución política de los ciudadanos locales, la “vocación de servicio público” (que pregonan muchas autoridades) no es razón para que los alcaldes o concejales se transformen en verdaderos patriarcas de la política comunal; deben dar un paso al costado para posicionar a nuevos actores políticos.
Las sociedades están en constante cambio generacional, y como fiel reflejo de nuestra sociedad, el mundo político debe evidenciar estos cambios.

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