El panorama político sancarlino se había puesto cada vez más tenso hasta, al menos, inicios de esta semana. El reciente Lunes el concejal Pedro Méndez, de RN, fue designado como alcalde suplente de la Municipalidad local, tras dos votaciones sin llegar a acuerdo entre los ediles. Méndez se sienta desde hoy en el sitial del suspendido Hugo Gebríe, su consuegro.
Los catorce cargos con los que el Tribunal Electoral sentenció a Gebríe no solo afectan al rostro de RN, sino que mancha los últimos doce años de administración municipal, y, por lo tanto, quien asume su lugar en el edificio consistorial no solo tiene una misión administrativa y logística, sino que tiene un desafío moral: demostarle a la ciudadanía que el catálogo de errores plasmados en la sentencia del TER no volverán a cometerse en ningún escenario. El nuevo alcalde suplente deberá, erradicar y eliminar todo rastro de malas prácticas, abuso de poder, intereses creados o mala administración de recursos públicos. En otras palabras, como si del COVID-19 se tratara, deberá desinfectar e higienizar el ambiente laboral y administrativo. Allá afuera hay ciudadanos tremendamente decepcionados del actuar alcaldicio. La nueva autoridad, aunque tenga una “s” acompañada al cargo, debe limpiar la imagen de una Municipalidad que salió en los diarios, portales de noticias y canales de televisión de todo el país, como sinónimo de mala administración comunal.
Es aquí, entonces, cuando las acciones que cada concejal haya hecho desde su rol fiscalizador toman un peso moral, aunque no obstaculizaron, por ejemplo, la designación de Méndez como alcalde (s). Sin duda que los tres concejales que interpusieron el caso ante el TER Biobío cuentan con un espaldarazo de su sector y gran parte de la ciudadanía, pero tampoco se debe considerar esto como un “logro” de los ediles, porque su única labor es fiscalizar a la autoridad de turno.
A todo esto, le sumamos la situación actual por el COVID-19, donde las pugnas entre Gobierno y Municipios han estado más que latentes.
Quien se sentará desde esta semana donde otrora lo hizo Hugo Gebríe debe cambiarle la cara a la Municipalidad, no con una retroexcavadora, sino con desinfectante, erradicando cualquier sospecha de malas prácticas y continuando con las buenas medidas y labores que bien hizo la administración anterior (que deben ser seleccionadas con pinzas).

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