Hace algunos años me tocó estar del otro lado de esta discusión. Tenía alrededor de 23 años y trabajaba como periodista en la Municipalidad de San Carlos. Y, en la práctica, buena parte de las acciones comunicacionales municipales de la comuna recaían sobre un solo periodista.
Hoy, varios años después, miro ese período con mucha más perspectiva. Y puedo reconocer algo que probablemente en ese momento no era capaz de ver con claridad: muchas de las dificultades comunicacionales que enfrentábamos no eran solamente responsabilidad de los medios, de las redes sociales o de quienes criticaban a la administración. También había cosas que nosotros, desde la Municipalidad, podríamos haber hecho mucho mejor.
El avance de mi experiencia laboral me ha enseñado que una crisis comunicacional no se soluciona intentando que la gente deje de hablar de ella. Se enfrenta comunicando más, explicando mejor, entregando antecedentes y, cuando corresponde, reconociendo los errores.
Por eso me llamó la atención la reciente publicación de la Municipalidad de San Carlos (haz clic aquí para revisarla), en la que distintos funcionarios y funcionarias aparecen frente a cámara entregando un mensaje sobre la crítica, las noticias falsas y quienes, según plantea el video, tendrían como objetivo “destruir”, “incitar al odio” y “desunir”.
El mensaje parte de una premisa con la que es difícil estar en desacuerdo: la información falsa no contribuye a una comunidad informada y es razonable que una institución pública invite a sus vecinos a verificar aquello que reciben y comparten en redes sociales.
La pregunta, sin embargo, es otra: ¿qué debería hacer una municipalidad cuando considera que los medios están siendo injustos con ella?
La respuesta, a mi juicio, no debería ser intentar desacreditar a los medios locales, que muchas veces realizan su labor con recursos muy limitados, equipos pequeños y sin las condiciones con las que cuentan las grandes redacciones. Eso no significa que estén exentos de errores ni que toda información que publiquen sea necesariamente correcta. Precisamente por eso, la respuesta de una institución pública debería ser comunicar más, explicar mejor, transparentar, responder con datos, facilitar el acceso a la información, corregir cuando sea necesario y entregar antecedentes suficientes para que la ciudadanía pueda formarse su propia opinión.
Esto es especialmente importante en una comuna como San Carlos, donde existen distintos medios locales, radios, portales digitales, redes sociales y otras plataformas que cumplen un papel relevante en la conversación pública.
En una comuna donde las autoridades y las personas que trabajan en las instituciones son, muchas veces, nuestros propios vecinos, amigos o conocidos, contar con voces independientes que puedan preguntar, investigar y cuestionar resulta fundamental para una democracia local saludable.
Y sería ingenuo sostener que todos ellos son rigurosos, imparciales o están libres de intereses. Los medios también pueden equivocarse. Pueden interpretar mal un hecho, publicar información incompleta, exagerar una situación o incluso actuar desde intereses particulares. La crítica a la gestión municipal no convierte automáticamente a quien la formula en dueño de la verdad.
Pero precisamente por eso una institución pública necesita estar preparada para responder.
Si un medio publica un dato falso, la Municipalidad puede desmentirlo. Si publica información incompleta, puede aportar los antecedentes que faltan. Si formula una acusación, puede entregar su versión y los documentos que la respalden. Y si la crítica es incómoda, pero legítima, habrá que convivir con ella.
Porque hay una diferencia importante entre desmentir una información falsa y deslegitimar a quienes critican.
Una municipalidad tiene todo el derecho a defender su gestión. Pero una institución pública no debería establecer una frontera entre quienes “quieren avanzar” y quienes supuestamente “solo quieren destruir”. Tampoco debería atribuir intenciones de odio o mala fe a quienes cuestionan su trabajo sin demostrar concretamente en qué consiste esa conducta. Y si existen diferencias o conflictos de carácter personal, estos deberían resolverse por las vías correspondientes y entre quienes corresponda, no convertirse en parte del discurso institucional ni utilizar los canales oficiales de una municipalidad para exponer o dirimir asuntos que exceden el interés público.
La crítica, incluso cuando es dura, también cumple una función. Una democracia local sana necesita ciudadanos que pregunten, medios que investiguen y autoridades que respondan. Necesita también medios responsables, capaces de reconocer cuando se equivocan, y autoridades capaces de aceptar que no toda crítica es un ataque.
Hay algo que aprendí precisamente trabajando en comunicaciones municipales: los canales oficiales son indispensables, pero tienen un propósito específico. Permiten que la Municipalidad comunique directamente sus actividades, decisiones, proyectos y respuestas. Son una fuente institucional y deben ser confiables.
Pero los canales oficiales no reemplazan al periodismo. Y el periodismo tampoco reemplaza a los canales oficiales.
San Carlos necesita precisamente eso. Necesita medios locales que ejerzan su labor con responsabilidad, que cuestionen cuando corresponda y que también tengan la capacidad de rectificar.
Pero también necesita una Municipalidad que entienda que la crítica no es una amenaza que deba ser neutralizada. Es parte inevitable de administrar una comuna, especialmente cuando las decisiones públicas afectan directamente la vida de sus habitantes.
La Municipalidad necesita sus canales oficiales. Los medios necesitan ejercer su labor. Y los sancarlinos necesitan poder escuchar a ambos.



















