El Hospital Dr. Benicio Arzola de San Carlos (HSC) puso en marcha el primer Programa de Baja Visión y Rehabilitación para adultos de la Región de Ñuble. Así lo informó el establecimiento este miércoles, 9 de septiembre.
La nueva prestación está dirigida a personas con una disminución visual que no puede corregirse completamente mediante lentes convencionales, tratamientos o procedimientos quirúrgicos. Los pacientes conservan visión remanente que puede ser aprovechada mediante rehabilitación.
El programa combina el trabajo de profesionales de oftalmología, rehabilitación y el área psicosocial. La evaluación permite determinar las necesidades de cada paciente y definir herramientas que favorezcan su desempeño en actividades cotidianas.
Cómo funciona el nuevo programa de baja visión
La Oftalmóloga del Hospital de San Carlos, María Paz Arriagada, realiza la derivación de los pacientes al programa. Posteriormente, cada persona recibe una evaluación integral para determinar las ayudas y estrategias más apropiadas para su situación.
En el proceso también interviene una profesional de Trabajo Social de la Sección Psicosocial, quien aborda aspectos sociales y familiares asociados a la rehabilitación. El equipo incorpora además terapia ocupacional y apoyo psicológico.
El Director del Hospital de San Carlos, Luis Gatica Pinilla, sostuvo que el programa permitirá entregar una respuesta a adultos que requieren apoyo para desenvolverse con mayor autonomía. La baja visión, recalcó, no implica necesariamente ceguera.
“Este programa marca un hito importante para nuestra red de salud, ya que nos permite entregar una respuesta concreta a personas adultas que requieren apoyo para desenvolverse con mayor autonomía”, señaló Gatica.
Ayudas ópticas y rehabilitación para aprovechar la visión remanente
El Tecnólogo Médico en Oftalmología del Hospital de San Carlos, Emerson Villagrán Pereira, explicó que la evaluación puede derivar en la prescripción de lupas, telescopios y otras ayudas ópticas y no ópticas para visión cercana y lejana.
El programa también dispone de filtros para disminuir el deslumbramiento en pacientes que presentan dificultades frente a determinadas condiciones de iluminación. La intervención considera además educación para que la persona y su familia aprendan a utilizar las herramientas indicadas.
“Nuestro trabajo no se limita a entregar una ayuda visual, sino que también buscamos educar al paciente y a su familia para que puedan aprovechar de manera efectiva ese remanente visual que conservan”, explicó Villagrán.
El equipo se completa con profesionales de rehabilitación y psicología, con el objetivo de abordar tanto la autonomía funcional como los efectos emocionales asociados a la pérdida visual. La estrategia busca que los pacientes desarrollen herramientas para realizar sus actividades diarias con mayor seguridad e independencia.













